“La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir”.

Camilo José Cela

domingo, 27 de diciembre de 2020

Kunst am Turm

Kunst am Turm

(Arte en la Torre) 
Crónicas perdidas 

Edinson Martínez

Parte 1

Debe haber sido finalizando abril de 1994, cuando un sábado a media mañana, el conserje del edificio donde vivía se acercó a mi apartamento para decirme que una pareja de gringos estaba solicitándome para hablar conmigo. Enseguida me arreglé y bajé a ver quiénes eran y qué querían. No tenía la más remota idea de qué se trataba, pero viendo el apremio del mensajero, rápidamente salí al encuentro de los extraños.

Era una pareja formada por un hombre y una mujer, enormes, con una estatura superior al promedio de las nuestras, y, eran tan catires que parecían albinos. Vestían de modo muy informales, al estilo en que usualmente lo hacen los turistas, incluso la mujer llevaba colgando de su cuello una cámara fotográfica, igual a los viajeros foráneos. Al presentarme, imaginando que en verdad eran norteamericanos, me causó mucha risa descubrir que no eran tales sino alemanes, poniéndomela así de manera más difícil para conseguir entendernos. El caso es que cómo pudimos, al poco rato logramos precisar cuál era el interés en contactarme. Era el mural, la obra culminada meses atrás en nuestra ciudad, la cual por sus dimensiones se había convertida en referencia obligada en su paisaje urbano, llamando la atención a propios y extraños. Esa era la razón de aquella visita inusitada en medio del sopor atormentado de esa mañana de abril, el mes más caluroso del año presagiando las lluvias de la otra mitad de la estación climática en nuestro país. Así, entre mímicas, un pésimo español y un inglés a trancazos, como auto bajando una cuesta con el pie pisando el freno atenuando el descenso, lograron explicarme la razón de entrevistarse conmigo. Para ese momento todavía teníamos muy presentes todos los pormenores de la ejecución de la obra promovida y apoyada entusiastamente por Lolita Aniyar de Castro, gobernadora en aquella época, cuya primera impresión cuando le referí la idea, fue: "Edinson, tú como que te volviste loco"

...Sigo luego porque es muy incómodo escribir con un dedo...


Parte 2
(Dos días después)

Los dos alemanes ya venían de hacer una sesión de fotos en el mural, y, ahí, pidiendo detalles al vigilante de entonces, que no imagino de qué modo lograron sacarle el lugar donde yo vivía, consiguieron dar conmigo sin mayores problemas, en fin de cuentas, Ciudad Ojeda tampoco es una metrópolis inextricable, y cuando se unen el instinto y el interés, no hay barrera que se oponga para lograr el objetivo propuesto. Eso pensé al caer en cuenta que me encontraba ante dos reporteros al ver la identificación que portaban, y un conjunto de ejemplares de una revista a la que señalaban con insistencia para hacerse entender. Entonces, poco a poco, con relativa facilidad, comenzamos a comunicarnos, comprendiendo en seguida que requerían información y pormenores sobre el mural. Así, atendiendo al interés que mostraban, procedí gustosamente a entregarles el material de que disponía, básicamente fotografías previas a la obra y algunas panorámicas que ya habíamos tomado desde diversos ángulos de la ciudad, además de una copia del papel de trabajo que Manuel Vargas había redactado como fundamento plástico del proyecto. Por último, les di mi nombre y otras generalidades que pidieron en un español tan rudimentario como elemental, similar al inglés al modo de Tarzán que temprano intentamos. Se despidieron con la cara llena de sonrisas y la promesa que pasados unos meses se hizo realidad. Llegué a comprender que eran dos periodistas adscritos a la embajada alemana en Caracas en gira por el país, que, por otra parte, representaban a la publicación que con tanto interés me mostraron; una revista en formato mayor al de una carta, en cuyo cabecero figuraba su nombre impreso en letras grandes en tono amarillo, y, debajo de él, una especie de subtítulo todo en alemán. Por lo que entendí, era un impreso internacional bajo el título de SBZ que se editaba periódicamente. El caso es que estos reporteros me hicieron saber que El mural más grande (así habíamos decidido llamar la obra luego de una consulta entre escolares de la ciudad) tendría un reportaje en ella, el cual se me haría llegar para el 13 de diciembre de 1994, fecha entonces en la que por error se conmemoraba el aniversario de la ciudad.

Pasaron varios meses y me fui olvidando del asunto, apenas lo recordaba de vez en cuando sin dar mucho crédito a la puntualidad alemana. Cuando llegó la fecha indicada para recibir el ejemplar de la revista, 13 de diciembre de 1994, entonces no la recibí, la había estado esperando con ansiedad, sobre todo porque estas dos personas me aseguraron firmemente que, para dicha celebración, exactamente ese día, la recibiría con toda seguridad. Se fue el 13 de diciembre, y no pasó nada... Pero el 14, es decir al siguiente día, bien temprano, un cartero (entonces todavía había carteros y el correo funcionaba medianamente), tocaba el intercomunicador del edificio, y desde la bocina del aparato, alguien me decía: "señor Martínez tengo un paquete para usted". Efectivamente, al abrir el sobre, un par de SBZ se desplegaron ante mí, los examiné rápidamente, y en sus páginas internas, creo que casi en el centro del impreso, me encontré con el titular principal "Kunst am Turm", siguiendo luego con un amplio reportaje de cuatro columnas en cada hoja, donde se reseñaba la obra junto a varias de las fotos que les entregué. No llegaron el 13, pero el 14 bien temprano ya las tuve en mis manos. Entonces pensé, "¡cuánta de esa puntualidad nos hace falta!".

Uno de los ejemplares se lo obsequié al autor de la obra, mi siempre recordado amigo Manuel Vargas, y el otro a Julieta Arriechi, dejando para archivos una copia a full color que mandé a hacer. Al profesor Jesús Casado le pedí la traducción, quien gustosamente me la leyó durante una visita que le hiciera al diario El Regional del Zulia, donde laboraba como corrector de textos.

Después de tantos años transcurridos, cuánto lamento que por la desidia general, de gobernantes y gobernados, la obra paulatinamente haya ido deteriorándose, casi desvaneciéndose, por no haberse realizado la debida restauración que tocaba en sus primeros quince años de vida. Quizás llegue al punto en que ya no pueda restaurarse, entonces se convertirá en el mayor icono de la desidia de un pueblo. ¿Qué pensarían hoy aquel par de alemanes deslumbrados entonces por los cuarenta y dos metros de altura de El mural más grande?