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domingo, 29 de agosto de 2010

Vargas Llosa: "El nacionalismo es la peor construcción del hombre"



Mario Vargas Llosa ha dedicado tres años a reconstruir la vida de Roger Casement, pionero defensor de derechos humanos, que protagoniza 'El sueño del celta'

Mario Vargas Llosa recoge en su nueva y estupenda novela aquella reflexión del escritor y político uruguayo José Enrique Rodó: "Un hombre es muchos hombres". No digamos ya en el caso de Roger Casement (1864-1916), personaje real inspirador de uno de los lanzamientos más esperados del otoño literario. Diplomático reservado, sir y escritor, temprano relator de derechos humanos, héroe irlandés, traidor británico, torpe estratega militar, homosexual atormentado, reo ajusticiado... De la suma de todos los casement resulta una obra que Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) ha tardado "tres años" en culminar, desde aquel lejano y nebuloso "descubrimiento del personaje en una biografía de Joseph Conrad".
El tiempo se fue en documentar la peripecia de un cónsul británico que, despertado a los horrores del colonialismo de Leopoldo II, viajó por el Congo belga en 1910 para documentar la barbarie con descarnado realismo en el informe que le daría fama (y que ahora rescata Ediciones del Viento en La tragedia del Congo). No fue esa la única amarga denuncia de Casement. La situación de los indígenas al servicio del sistema de la extracción del caucho en la Amazonia mereció otro de sus relatos de estilo aterrador por su exacta sobriedad.
Entregado a la causa nacionalista irlandesa, viajó a Berlín para conspirar contra Reino Unido en plena I Guerra Mundial, participó en el alzamiento del Ulster de 1916 y acabó condenado a morir ahorcado tras tres meses en prisión y un juicio que conmovió a la sociedad británica por el aireamiento de unos diarios repletos de escabrosas aventuras homosexuales cuya autenticidad aún es objeto de debate. "Es un personaje múltiple, con varias biografías que no encajan muy bien", explicaba recientemente Vargas Llosa en su casa de Madrid, donde se mostró tan brillante, preciso y generoso como la lectura de sus libros hacía presagiar. "Fue, sobre todo, uno de los primeros europeos que tienen una conciencia clara de lo que es el colonialismo".
Pregunta. Sorprende el nacionalismo fervoroso de su protagonista. Un atributo poco común en sus héroes...
Respuesta. Siempre he tenido terror de esa forma de fanatismo. El nacionalismo me parece la peor construcción del hombre. Y el caso más extremo de nacionalismo es el nacionalismo cultural. Aunque en ciertas circunstancias puede representar valores libertarios...
P. ¿Hay un buen nacionalismo?
R. En ciertos pueblos aplastados por colonizadores, que aspiran a liberarse del ocupante, el nacionalismo tiene un valor positivo. Pero lo peligroso es cuando se convierte en una ideología. El nacionalismo significa violencia, prejuicios, distorsión de valores. Casement vive la parte más idealista, que es la de la lucha contra el opresor.
P. El libro está repleto, desde su mismo título, de sueños y fantasías.
R. El sueño del celta es un poema que escribió Casement, que era muy mal poeta. A mí las fantasías me sirvieron para tapar los huecos de un personaje enigmático. Y luego están las fantasías políticas. Leopoldo II fue un gran fabricante de sueños; él consigue que le regalen el Congo porque monta una ficción, un mito sobre sí mismo, sus intenciones y sus designios. Por eso Casement se va al Congo, en pos de ese sueño.  
P. Y se topa con el horror más absoluto y conradiano, el horror del coronel Kurtz...
R. Es un libro también sobre cómo ciertas circunstancias deshumanizan a los hombres hasta hacerlos monstruos. Eso también lo vivió en el Perú, con el sistema de extracción del caucho. Se cometían las mayores atrocidades desde la impunidad más absoluta. Es como una especie de inmersión en el mal. Casement vive eso y mantiene una distancia, lo escribe, lo documenta y no se vuelve loco.  
P. ¿La barbarie de África, que se suele despachar como un continente sin remedio, es heredada?
R. Por supuesto. No hay barbarie comparada a la del colonialismo. Y además deja unas secuelas de las que África nunca se ha podido recuperar. No dejó nada positivo. En otras partes se puede decir que algo quedó...
P. ¿Como en América?
R. Allá se trasladó una parte de Europa que echó raíces. Se recreó una nueva versión de Occidente. Pero en África fue el saqueo por el saqueo. Como eran culturas muy primitivas fueron arrolladas sin ninguna oposición. Fíjese, tanto tiempo después no hay manera de que el Congo se ponga en pie. Leopoldo II ha sido la gran maldición del Congo.
P. Sin olvidar al bestial dictador que fue Mobutu...
R. Les ha tocado lo peor. Tal para cual. Los horrores que hicieron ambos...
P. ¿Diría que la figura de Leopoldo II ha quedado fijada en la historia en su justa envergadura genocida?
R. En Bélgica, no. Sigue teniendo un museo maravilloso, que es una especie de pequeño Versalles. No sabemos cuántas, pero se calcula que murieron 10 millones de personas en su época. Casi como dos veces el Holocausto judío. Es, de hecho, el primer gran Holocausto moderno. Ahí siguen todavía, entre matándose, con ejércitos extranjeros interviniendo en el Congo.
P. ¿Cree, como Robert Kaplan, que hay países incapaces de construir una democracia?
R. En lo inmediato no creo que haya ninguna posibilidad para el Congo. Es el país que peor lo ha pasado en el África y probablemente en el mundo. Hay una fuerza de las Naciones Unidas a la que han dado unas instrucciones completamente disparatadas, yo lo pude comprobar cuando viajé con Médicos Sin Fronteras para escribir un reportaje en El País Semanal. Solo actúan para que se apliquen los acuerdos de paz, pero les prohíben que intervengan en los asuntos internos.
P. Los periódicos informan regularmente de episodios pavorosos como las recientes violaciones en masa acaecidas en Congo ante la pasividad de la ONU.
R. Cuando viajé, un médico me habló de que el gran problema eran las violaciones. Todos violan porque la violación se ha convertido en un arma política, militar. Haces daño al enemigo violando a sus mujeres. Es el objeto más vulnerable, codiciado que hay. Y me impresionó muchísimo. Me contó varios casos espantosos y se echó a llorar. ¡Qué extremos de barbarie! Todo esto lo vio Casement de una manera muy premonitoria. Sus informes son de una enorme riqueza etnológica, antropológica y desde luego política. Luego es muy interesante la evolución del personaje, cómo siendo un anglófilo imperialista y anglicano se hace independentista irlandés y católico. Vive una contradicción permanente siendo diplomático británico se instala en la duplicidad que en realidad es una triplicidad, si se añade el asunto de su homosexualidad. Depende del ángulo desde el que lo mires cambia completamente de sentido, de valencia moral, política.
P. El lector que desconozca el personaje histórico, quedará fascinado con otra dimensión, la novelesca...
R. Siempre va a quedar alrededor de él una gran incertidumbre. ¿Qué cosas son ciertas de las que se le han atribuido? Sobre todo lo relativo a sus escandalosos diarios, está hundido en los fondos de la inteligencia británica. Y en Irlanda, por una parte es considerado un héroe, pero por otra hay una incomodidad absoluta. Nadie lo reivindica abiertamente porque provoca mucho malestar, porque es un país católico, moralista, tradicionalista. Hablas con los independentistas, reconocen que es un héroe y niegan de entrada todo lo que se le ha atribuido.
P. ¿Cree que sus diarios fueron falseados?
R. Es una polémica que siempre está muy viva. Quedan historiadores que sostienen que los diarios son falsificados. Mi impresión tiende a aceptar que si no totalmente, en gran parte son auténticos. Es una cosa de novelista, no de historiador. No había materialmente tiempo para que se hiciera una falsificación ajustada a los pormenores de la vida de Casement. Pasaron tres meses entre que lo apresaron y su ejecución. Por otra parte, las barbaridades que él cuenta, sobre todo las sexuales, es casi imposible que las cometiera sin que lo supieran los de alrededor, sin que fuera la comidilla de la comunidad de colonos. Y luego están las proezas sexuales, técnicamente imposibles...
P. De la novela se deduce que era su forma cobarde y tímida de vivir cosas que no le estaban deparadas.
R. Creo que así fue. Lo más probable es que llevase su homosexualidad de una manera muy reprimida, tomando inmensas precauciones. No solamente la moral, la legalidad victoriana era feroz. Uno podía acabar en la cárcel. Quizá su desfogue eran sus diarios.
P. La historia de Casement nos enseña que, por mucho positivo que uno haga, su imagen pública valdrá lo que sus últimos actos. ¿Llegó a sucederle a usted con su incursión en la política a principios de los noventa?
R. Si tuviera que hacerlo de nuevo no la haría. No lo lamento, ya lo viví. Aprendí cosas... Más negativas que positivas. Pero me sirvió. Normalmente, un intelectual ve de la política lo mejor. No ve la cosa menuda, pequeña, mezquina... todo lo que se relaciona con el poder es muy degradante. Si no quieres que la política sea peor de lo que es, tienes que actuar. Y eso implica, como decía Max Weber, vender el alma al diablo. La política no es para los puros. Es humana en el sentido más terrible de la palabra.
P. El sueño del celta guarda cierta similitud con La fiesta del chivo, parte de la historia como pretexto de ficción...   
R. No he hecho nunca novela histórica. No es lo mío ofrecer una versión más o menos animada de los hechos. La historia ha sido para mí siempre una materia prima, para fantasear, para intentar a partir de ahí contar una ficción.
P. Sostiene la periodista cultural Janet Malcolm que toda biografía es un acto de traición...
R. Es un acto frustrante. Sartre dedicó muchos años a escribir sobre Flaubert. En El idiota de la familia trataba de averiguar valiéndose de todos los adelantos intelectuales de nuestra época qué se puede saber hoy sobre un hombre. Escribió tres enormes volúmenes, inmensos, que te tomaba meses leer, al final no había llegado siquiera a Madame Bovary.
P. ¿Hemos de advertir un cierto agotamiento de la vida, de su día a día, como fuente de inspiración en su obra reciente?
R. Una historia que pasa en la literatura no es una historia anterior a la literatura. Es una historia que se vuelve literatura, porque las historias que pasan en la vida suceden no con palabras, sino con hechos. Al volverse literatura, se convierten en otra cosa. Se convierten en una cosa que vale por el vocabulario, la simbología, el estilo, la estructura. La literatura se puede apropiar de todo. Lo que resulta es literatura, no es sociología, historia o política aunque de todo haya en una novela. Lo maravilloso del género novelesco es que es un género caníbal que se apropia de todo y le da otra dimensión.
P. ¿Aún se considera periodista?
R. Escribo en periódicos. Y a veces aún hago periodismo de calle. Fue además una fuente maravillosa de temas, de personajes. No sé qué porcentaje, casi la mitad de las cosas que he escrito provienen de mis tiempos de periodista.
P. ¿En qué trabaja ahora?
R. En un pequeño ensayo, La civilización del espectáculo. Cómo la cultura contemporánea prima el espectáculo. Lo que no pasa por el espectáculo no es cultura.
P. ¿Hay vuelta atrás para eso?
R. No creo que se pueda recuperar. El espectáculo se ha convertido en el valor de nuestra época. Ya no hay valores, nadie sabe qué cosa es buena, qué cosa es mala, qué cosa es bella, qué cosa es fea. Vivimos en una de las épocas más confusas de la historia.
P. Ensayos, obras de teatro, columnas de opinión... ¿No teme que la superproducción le impida estar a su propia altura?
R. Siempre hay miedo a perder el pie. Hay que tratar de mantenerse lúcido, no volverse una ruina humana. Uno hace lo que puede... Lo que no creo que deba pensar un escritor es en retirarse. Si el tiempo te retira, la enfermedad te retira, claro, pero si tienes ilusiones hay que seguir trabajando.
P. Edward Said hablaba del interés de cierto estilo tardío...
R. Sí, claro, pero siempre me ha angustiado mucho la idea de esos escritores que pierden el fuego, se callan. Me sentiría muy desgraciado si no pudiera trabajar. Con el tiempo se pierden capacidades, me temo que sí, pero hay que mantener la lucidez y el espíritu crítico. Perder el espíritu es una enfermedad en la que caen muchos escritores. Es como volverse una estatua en vida.
P. ¿Y el Nobel de Literatura?
R. Pensar en ello es malo para el estilo, tardío o no.

Fuente: El País.com

sábado, 17 de julio de 2010

El sur también existe



Mario Benedetti y Joan Manuel Serrat (derecha), en 1985, durante la grabación de El sur también existe.
El sur también existe
Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohibe
con su esperanza dura
el sur también existe

con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con sus gesta invasora
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el Sur también existe

con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos su misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur también existe

domingo, 11 de julio de 2010

Pablo Neruda 1904 -1973


“Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.” Neruda

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto adoptó el nombre del poeta checo Jan Neruda, es desde entonces más conocido como Pablo Neruda el gran poeta chileno. 


Pablo Neruda nació el 12 de julio de 1904 en Santiago de Chile. Hoy recordamos su nacimiento con la imagen del logotipo de Google, aunque hay que decir que en la información de la imagen aparece "Cumpleaños de Pablo Neruda" y más que cumpleaños sería "Aniversario del nacimiento", ya que Pablo Neruda murió el 23 de septiembre de 1973.
El padre de Neruda quería que su hijo pasara por la Universidad para forjarse un futuro. Así, se matriculó en el Instituto Pedagógico. Rápidamente, llegaron a sus oídos que en vez de frecuentar la Universidad, dedica mucho tiempo a la vida bohemia. Motivo por el cual, deja de enviarle el dinero que cada mes le hacía llegar para sufragar sus gastos.
Para auto publicar su primer libro, que llevó por título “Crepusculario” (1923), Neruda vendió sus escasas pertenencias: sus muebles, un reloj regalo del padre y su traje negro “de poeta”. Aún así, necesitó que un amigo le prestara dinero para poder terminar de pagar al impresor. Como diplomático ejerció una decidida intervención a favor de los perseguidos españoles durante la Guerra Civil, mientras fue cónsul chileno en España. Fue gestor del proyecto Winnipeg, barco que llevaría a cerca de 2.000 inmigrantes españoles desde Francia a Chile.

Destacado activista político, Senador de la República, integrante del Comité Central del Partido Comunista y pre-candidato a la Presidencia.
Este poeta chileno es considerado uno de los mayores y más influyentes de su siglo, siendo llamado por el novelista Gabriel García Márquez "el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma".
En palabras del crítico Harold Bloom ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él.
Entre sus múltiples reconocimientos destacan el Premio Nobel de Literatura en 1971 y un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Oxford.

domingo, 20 de junio de 2010

José Saramago: ...Adeus Companheiro

Madrid, AP - Las ventas de los libros de José Saramago se han multiplicado por diez en España desde su fallecimiento.

Como ya ocurriera en Portugal, los libros más demandados por los lectores españoles son "Caín", "El viaje del elefante" y "Ensayo sobre la ceguera".

El próximo mes de octubre Alfaguara tiene prevista la publicación de "Saramago en sus palabras", un catálogo de reflexiones personales, literarias e ideológicas elaborado por Fernando Gómez Aguilera, a partir de declaraciones de Saramago recogidas en la prensa escrita.

Según el Grupo Santillana, en estas últimas semanas varias de las principales cadenas de librerías han visto disminuir las existencias de las obras de Saramago a pasos agigantados. En la primera semana tras su muerte, la búsqueda de sus libros en la tienda FNAC aumentó un 846%. En El Corte Inglés se pasó de 40 libros vendidos el fin de semana previo a su deceso a más de 1.000 ejemplares en los días siguientes.

"Esto sólo demuestra que las palabras de Saramago están más vivas que nunca. Y es hermoso y reconfortante constatar que la respuesta de los lectores a su ausencia sea leerlo", expresó Pilar Reyes, directora de Alfaguara, según la misma agencia

sábado, 8 de mayo de 2010

La novela que Borges no escribió

Casi cuatro páginas manuscritas con una letra tan minúscula que hace falta una lupa para leerla, el relato inacabado de los desheredados nietos de un héroe de la guerra de independencia, un manuscrito inédito que podría ser la novela que no quiso escribir el padre de todos los cuentos. Jorge Luis Borges empezó y abandonó un texto que hoy reflota entre los documentos que sobre el argentino posee el Harry Ransom Center for the Humanities de la Universidad de Austin (Tejas, EE UU). El manuscrito no tiene ni fecha ni título, pero se calcula que lo escribió en 1950. El título con el que se le identifica es Los Rivero.

El crítico y profesor de la Universidad de Brown Julio Ortega lo descubrió en lo que él califica su "peregrinaje por la pasión borgiana". "Todo lector de Borges busca las fuentes, las primeras ediciones, los manuscritos... Reconocí la letra, que en este manuscrito revela el progreso de su ceguera. El manuscrito de El Aleph, que está en la Biblioteca Nacional de Madrid, es mucho más legible que este". Para Ortega, Borges abandonó Los Rivero cuando se dio cuenta de que no era un cuento sino una novela que le exigía extenderse. Descreído de un género del que huía y renegaba, dejó de lado su relato. "Se trata de la historia de los nietos de un coronel que peleó como lancero en las guerras de la independencia americana. Estos nietos viven en la pobreza y en la marginación. Son los descendientes de los fundadores de la República que han perdido la República. Viven en una melancolía amarga, viven en la memoria del héroe, del bien perdido, en un estado fantasmagórico, en el culto al pasado".

El texto manuscrito de Los Rivero arranca así: "Hacia 1905, la cancel de hierro forjado había cedido su lugar a una puerta de madera y cristales y bajo el llamador de bronce había un timbre eléctrico, ahora, pero en general la casa de los Rivero -con el zaguán oscuro, con los patios de baldosa colorada, con el aljibe inútil y con una higuera en el fondo- correspondía con suficiente rigor al arquetipo de casa vieja del barrio Sur, y el espectro del coronel Clemente Rivero (que murió, desterrado, en Montevideo, dos meses antes del pronunciamiento de Urquiza) lo habría identificado sin mayor dificultad".

El texto íntegro formará parte de una edición de lujo que verá la luz este 25 de mayo. Un total de 100 ejemplares que incluyen un facsímil del manuscrito, su transcripción, fotografías y una serie de dibujos del argentino Carlos Alonso inspirados en el relato. A cargo del Centro de Editores, el proyecto ha contado con la colaboración de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. "Hemos querido conmemorar así el Bicentenario de la Revolución de Mayo Argentina", apunta su editor, Claudio Pérez Míguez.

"María Kodama lleva mucho tiempo intentando reunir todos los manuscritos de Borges", continúa Ortega. "Lo más probable es que este texto fuera a parar al Centro Ransom de manos de un amigo o traductor de Borges, o quizá lo vendiera uno de sus sobrinos a un anticuario y el Centro lo acabó comprando". Ortega asegura que es fácil, una vez que uno se acostumbra, descifrar la letra de Borges. "Es muy interesante cómo al estar casi ciego su letra, que era preciosa, se vuelve aún más simétrica y muy cerrada. Escribía de memoria".

En su minúscula letra, escribe Borges: "Es sabido que la historia argentina abunda en glorias familiares y casi secretas, en próceres que llegan a ser el nombre de una calle; tal vez no huelgue recordar al lector que el coronel Rivero fue el héroe de la primera carga de Aturia, título que en vano le niegan todos los historiadores venezolanos, víctimas de la envidia y del localismo, y que defienden con razones irrefutables los argentinos amantes de la verdad. En el desorden de las guerras de la independencia de América, el coronel Rivero tuvo un claro momento de gloria, cuando "lanceó a los godos" y decidió la suerte de una provincia; sus bisnietos guardaban con piedad y con justificadísimo orgullo el hierro de la lanza que blandió entonces".

Borges llamó a Los Rivero "crónica", crónica histórica sobre unos huérfanos de los que hoy sólo sabemos que siendo "descendientes directos de los guerreros que la habían fundado y defendido no contaban ya para nadie".
Fuente: www.elpais.com

sábado, 30 de enero de 2010

Julio César Mármol: In memoriam (1937-2010)



Dos textos de la poeta Mharía Vázquez Benarroch en memoria del escritor venezolano Julio César Mármol

Julio César Mármol: clásico entre los clásicos

Aun no me acostumbro a hablar de él en pasado, y creo que jamás podré, así como no puedo hacerlo con José Ignacio Cabrujas. Nuestro cariño y amistad fue tan grande con los dos, que más de una vez me sorprendo oyéndolos a mi lado cuando escribo una escena de telenovela, para regañarme porque es muy cursi, o para asombrarse de que me haga reir o llorar. Me enseñaron todo lo que sé sobre telenovelas, y muchas cosas más sobre la vida, entre ellas la rectitud y la honestidad que debe tener un verdadero escritor.
Julio César Mármol, fue socio, amigo y cuñado de José Ignacio Cabrujas, y juntos escribieron tres de los hitos latinoamericanos en telenovelas: La Señora de Cárdenas (1977), La Fiera (1978) y La Dueña (1984). Reconocido como escritor de telenovelas, muchos ignoran su faceta anterior de Director de cine, aprendido en Cinecitá, en Roma y su paso por grandes producciones como Ben-Hur, en cuyos créditos aparece como asistente de Dirección, o su etapa como director en películas de cine venezolano como La Bomba (protagonizada por un icónico cómico de la época, Joselo), y Los Días Duros, éxitos de taquilla en los años 70.
Desconocida es también su etapa de cantante Tenor profesional, que estudió con grandes privaciones en la Academia de Música de Santa Cecilia en Roma. Fue cantante profesional de opera durante más de 20 años y desde niño su padre le enseñó a escuchar música clásica. Amaba la música del maestro Puccini y cantó con gran éxito algunas de sus óperas: Boheme, Madam Butterfly, Tosca, Turandot, entre otras.
Inolvidable fue su gira en los años 60, por toda Venezuela, con el gran Alfredo Sadel, donde se adelantarían a la proposición de Pavarotti, de colocar a varios tenores en un escenario. A diario, comenzaba su día con una ópera, que lo acompañaba durante la escritura de cada uno de sus capítulos de telenovela, y su colección de CD´s de grandes versiones superaba los mil ejemplares. De esa pasión nacieron muchas canciones compuestas por él, como el tema musical de La Dueña, Viviré para tí.
Maracucho de alma y corazón, Mármol nació en Maracaibo, un 23 de mayo de 1937. Se crió en un campo petrolero, y eso marcó para siempre su visión de la vida, colocándolo siempre del lado de los pobres, los desvalidos y los trabajadores, llenándolo de historias de una Venezuela campesina que se tornaba en país industrial, y que luego servirían de base par la escritura de La Fiera, y su posterior y exitosísima versión Pura Sangre (1993).
Líder estudiantil, se enfrentó como toda su generación, a la dictadura de Pérez Jiménez, y estuvo preso en la Seguridad Nacional durante casi seis meses, junto a Cabrujas. Un tío militar logró sacarlo bajo condición de exilio, y así salió directamente a estudiar a la Roma de Fellini, sin saber hablar italiano, sin recursos y con sólo su ansia de comerse el mundo. Esa terrible experiencia en la Seguridad Nacional, y de la cual nunca le gustaba hablar, le sirvió de base para escribir la telenovela que lo hizo famoso Estefanía (1979), una telenovela que rompió con el estilo de Delia Fiallo, y retrató con absoluta fidelidad el ambiente de la dictadura. Su amor por la democracia siempre fue irrestricto, y permanentemente denostaba de nuestros políticos que estaban llevando el país a un precipicio que él sospechaba insalvable.
En sus manos se formaron escritores para la televisión de la talla de Kico Olivieri o Armando Coll, y siempre tuvo debilidad por los poetas, razón por la cual me admitió en su grupo de dialoguistas, después de haberse negado durante meses, a pesar de que tanto su hermano el músico Vinicio Ludovic, como Cabrujas, me habían recomendado con amor.
Se negaba a admitir a nuevos escritores, estaba formando a sus hijos como dialoguistas y temía que una persona nueva pudiera estropear las cosas. Venía de un fracaso rotundo, la telenovela De Oro Puro (1993) y se lamía las heridas como un gato oscuro. Le escribí entonces una serie de cartas, semanales, donde le contaba historias; cada vez más divertida por su resistencia, no sólo a admitirme sino tan simplemente a conocerme, fui abriéndole mi corazón de enamorada del género televisivo, y a la octava semana, fue un poema de Vallejo el que me abrió las puertas de su corazón y de su casa, he hizo que me mandara a llamar su secretaria, la sempiterna Tibaide, su mano derecha, para una entrevista. Hablamos durante casi cuatro horas, ante el asombro de su familia, y al final de la entrevista, me dijo, con sencillez y afecto: “Te espero mañana a las 7 am, con las pilas puestas, y eso si, como me falles te boto en dos segundos, sin contemplaciones”…trabajamos juntos más de cuatro años, y se convirtió en mi amigo y en mi padre, para siempre.

Admirador de Rómulo Gallegos, a quien consideraba indispensable, era un lector agudo y consecuente, leyendo más de dos libros a la vez y al menos tres en una semana. Se nutría de los grandes clásicos para sus historias, La Mujer sin rostro (Los Miserables), La Dueña (El Conde de Montecristo), Sangre Azul (Lo que el Viento se llevó), La Fiera (Los Hermanos Karamazov), y siempre que nos trancábamos en la escritura de una escena nos mandaba a leer a Alexander Dumas, a Shakespeare o a Víctor Hugo, ahí mismo, nos decía en que parte de su biblioteca estaba el libro, y leyéndonos el mismo el capítulo en cuestión, se resolvía la escena. Su cultura literaria era bastísima e insaciable, y cuando me oía comentar que había ido a comprar libros siempre me pedía socarrón y burlesco “Tráemelos pues, que tú siempre andas comprando cosas raras, a ver qué aprendo”.
Jamás lo vi humillar a ningún actor, y más de una vez inventó un personaje para calmar el hambre o la necesidad de alguna actriz o actor poco conocido. Con sus dialoguistas no tenía piedad, y esa dura escuela se agradece, cuando mucho después, es uno el que se encuentra solo ante una gran historia y presionado por el rating o por la industria.
José Ignacio Cabrujas, su amigo de liceo, su compañero de cárcel, su cuñado, socio y compinche siempre decía “Yo soy el callejero, a mi me interesa la calle, la gente, el barrio, Julio César es el clásico, a él le interesan las grandes historias, es épico por naturaleza”.
Yo lo recuerdo como el gran hombre y escritor que es, con sus ojos azules de cielo permanentemente asombrados de vida, de afecto, y si existe un cielo para escritores, ya me imagino las conversas con sus compinches de siempre José Ignacio, Salvador Garmendia y Fausto Verdial… que los ángeles digan Amén.
**********
Mi Mármol personal
Siete de la mañana, un día cualquiera de la semana. Al entrar en la casa, un aroma de café arrasándolo todo,fundando el mundo de nuevo.
Todos duermen aún, sólo los pasos precisos del Jefe se mueven por la casa que amanece. En la cocina, fascinado por el dulce canto enamorado de sus canarios, Julio César Mármol se muestra pensativo. “Buenos días, padre”, le saludo cariñosamente, ya hace un año que trabajo junto a él, tejiendo en filigrana diálogos de telenovela, “Dios te bendiga mija…te sirvo café, porque hoy es un día duro, tenemos que matar al mayor de los Zambrano”, suelta jocoso. Su canario favorito suelta a cantar aun más alto, y me interroga Mármol. “¿Sabes por qué canta tan bello?, niego, entonces me responde con uno de sus suspiros tristes tan característicos, “Canta por amor, por soledad, por intemperie, canta por el amor que no tiene, ese amor que sabe imposible…como nosotros, que en cada historia cantamos al amor que no existe, y como escritores lo único que nos queda es cantarlo bellamente”. Confieso con vergüenza que corrí a anotar el diálogo, como muchas de las cosasque él nos decía en el día a día de la escritura.
Cada mañana sin pausa, bajo la melodía de cualquiera de sus óperas favoritas, casi siempre Puccini, o si su humor amanecía contento oyendo tangos o rancheras, escribíamos las peripecias de Corazón Salvaje, la protagonista de PURA SANGRE. Bajo el duro tabletear de las máquinas de escribir, se oía a Mármol consultando con Manuel González, su cómplice en el crimen, si para el capítulo siguiente estaría bien acelerar la trama, o si con los numeritos del rating podían solazarse con una escena de amor, para hacer que se enamoraran todas las mujeres del país, y de repente nos espetaba, muerto de risa: “Esclavos, muévanse, que están lentos…a ver, qué aria es esta y quién la canta?”, y nos daba de ipsofacto una clase magistral de ópera y de historia, hundiéndonos con suvastísima cultura.
Hoy, cuando ya lo hemos perdido y lo lloramos, quiero recordarlo así, como lo ví durante varias telenovelas, día tras día, trabajando con él y sus hijos, a quienes enseñaba pacientemente el difícil oficio de la telenovela…oyendo a Turandot y cantando las arias del Tenor, como cuando cantaba con Alfredo Sadel, y su futuro no era una telenovela si no ser un gran tenor de ópera; citando a Shakespeare, de memoria, para ilustrarme la intensidad que debería tener una escena; jurando a dios como Neptuno urgente, cuando algo le hacía enfurecer y su naturaleza de Tauro salía a cornearnos a cualquiera de nosotros, tunantes ignorantes; dulce miel y pacífica ternura al acercarse alguno de sus nietos, que hacían que sus ojos azules brillaran como joyas…humano quiero recordarlo, con los gestos cotidianos de fumar, de mandar a comprar sus colecciones al kiosco, de luchar contra la Diabetes para ganarle la partida todo el tiempo, escribiendo pudoroso los poemas que llevaba por dentro y que en veinte años no se había atrevido a esbozar, por miedoa la cursilería que tanto detestaba.
Citar su valía como escritor de grandes telenovelas, su amistad inmensa con José Ignacio Cabrujas, o su profunda vocación democrática, es redundar, eso se lo dejo a los otros, a los críticos, a los historiadores. Yo me quedo con la tierna mirada del oficiante de la escritura, con su cariño agreste y desenfadado, con esos ojos alegres e inmensamente azules, te decía al ver una escena bien escrita: “O mia cara, esta noche cantan los ángeles”.

Fuente: prodavinci.com
Por: Mharía Vázquez Benarroch: